jueves, 7 de agosto de 2008

Seminario Street Art y Graffiti en Chile. Signos, seres y mensajes en el espacio público


Los días 3 y 4 de Septiembre del 2008 los mayores referentes del street art y el graffiti de la escena nacional se reunirán en la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, ubicada en Condell #343 para ser parte del 1er "Seminario Street Art y Graffiti en Chile. Signos, seres y mensajes en el espacio público" y exponer sus mejores ideas y obras gráficas.Esta iniciativa tiene como objetivo ampliar el espectro de análisis, discusión y producción de conocimiento estético-artístico, tanto al interior de la comunidad universitaria como también al público en general, ilustrando y reflexionando en un seminario dedicado al fenómeno socio-cultural del street art y el graffiti desde las disciplinas académicas ya existentes en la institución, especialmente la antropología y el departamento de lingüística y semiótica.

Charlas a cargo de:Bronce, Brocoli, Kelp, Leon Calquin, Hasco y Ecostypo (Brigada Contragolpe)

Pintura en vivo:Nebs, Charly Majesty, Fisura, Telly Gacitúa, Sisti Franz, Acuario (Brigada Contragolpe), Le Dorian, Drest, Agotok, Pobre Pablo y Drems.

Organiza:Colectivo Toy Killah

Auspicia:D.A.E Universidad Academia de Humanismo Cristiano

lunes, 23 de junio de 2008

Nemesis - Juguete



matando toys con el loco BRONCE!

lunes, 26 de mayo de 2008

2008: Odisea en el despacio.



Por Ciega María, de tan ciega que está, ve mas que muchos


Claramente cambia, no es porque comenzó con todo la lluvia, pero algo cambió por lo menos hoy. Porque si yo soy un árbol, anoche me dejaron algunas de las hojas que me abrigaron en la temporada anterior, razón por la cual hoy despertaría más fresca. No fue por dormir un poco más, para faltar a clases ya que no valía la pena levantarse si no me podría los párpados ni menos quería que el frío se pasara de listo metiéndose por aquí y por allá.
Claramente aprecié la tranquilidad de los lugares por los que transito a diario, lugares que no están a la altura de las sopaipillas, entonces nos refugiamos en unas papafritas (las primeras, algunas frías y otras duras; las segundas, a pesar de comérmelas, estaban bastante malas), algo había distinto y no fue porque en el estacionamiento habían cuatro sombras atípicas bajo la lluvia en círculo, mojándose -pero no sin razón-. Sucede que caminé, caminamos, conversaban y yo escuchaba, realmente no podía hablar, las ideas y tallas quedaban abrigadas en mi garganta y yo sólo conservaba una sonrisa, creo que algo coqueta al no poder decir que no podía hablar.
Éramos seres lentos caminando bajo la lluvia, realmente paseando y los lugares diarios, porque no son comunes ni corrientes, se presentaban amigables, húmedos, mojados, se olía húmedo, te acariciaba con su humedad, las hojas ya eran parte del suelo, diría cual estampillas prensadas, y al mirar hacia abajo podías ver los árboles, distinguir el cielo gris.
Entonces sucedió, -al abordaje muchachos- bajar en la estación errada, perderse en el tiempo y en el espacio, pensar que estuvo buena la cosecha de este año y casi mirar al cielo para agradecerlo, pero no daba para tanto la mente. Abordar el tren, estar con el gorro puesto, abren la puerta y caminas por donde de costumbre, ahora bien todo igual que siempre, sólo que ahora ibas más rápido que los demás, pero te detienes a preguntar y cotizar precios de golosinas –azúcar, chocolate-. Transacción lista y luego observas como tiene nuevos tonos el lugar donde acostumbras a hacer la fila ahora que caía la noche. Por primera vez te das cuenta que te miraban feo a ti por no avanzar pa’tras, pa que suban más, pero no atinabas a moverte por presentar un estado de déficit atencional intencional, y oyes murmullos y risa, debe ser que hoy me tocó el vehículo chistoso, con tripulantes con hálito etílico, pal frío, por la lluvia. Y ese otro que cree que pinchó porque una mujer lo queda mirando al dejarse llevar por un baile en las nubes y mirando fijo y ojos y mejillas rojas.
Observo mis manos, debo admitirlo me gusta observarlas, no sólo las mias, por lo que transmiten. Ventanas empañadas, sube la temperatura del lugar, toses a mi lado, por allá adelante también y que bueno que me vacuné este año, no me quiero enfermar aún, espero no hacerlo este año, y mi compañera de asiento tose, se tapa la boca, con la misma limpia los vidrios empañados, dónde estamos, me da igual, porque ya sé cuando hay que bajar, cuando en el vehículo quedamos pocos, hay varios asientos disponibles y el aire se hizo más respirable, está más frío y eso me agrada. Pasó que vi con ojos de turista todo el rededor de mi destino, todo luce nuevo, iluminado, son espacios casi santificados, dónde están los grafittis, las chapas, las basuras. Claro, la cancha de tierra y el club de rayuela, sí este lugar está mejor, desembarco y nuevamente camino más lento que los demás, ahora no bajo la lluvia, sino acompañada de un frio aterrador, y pienso en que comenzó a nevar arriba.
Ahora la llave, hago contacto y mi primer destino en mi destino es la cocina, claramente cambia la ciudad y yo con ella.

lunes, 19 de mayo de 2008

Sin City (La ciudad del pecado)

Era una de esas noches frias en el invierno capitalino, de esas en donde solo se ven ropas anchas y parkas estilosas. Dos tipos salen de un departamento cerca de Plaza Italia.
-"Tobi, enciende el motor, vamos, andando"-rugió "El Coronel".
El auto se dirigió hacia el norte de la capital, tomó rumbo Barrio Bellavista. Ahi, borrachos, hippies, flaites y demases personajes de la fauna urbana gozaban de las sombras y luces de la noche santiaguina.
-"Hey! para aqui, que necesito echar una meada"- dijo Gustav Linkener, apodado por todos como "El Coronel". Un minuto, y el motor volvió a partir.
Gustav Linkener es un tipo rudo, de esos de antaño. Un gran saco gris cubre tres cuartas partes de su robusto cuerpo, usa guantes de cuero de serpiente, zapatos color verde musgo y fuma cigarrillos la mayor parte del día. Tobi es su mano derecha, y como dirian en la terminología del hampa, forma parte de su primera linea. Es su soldado Nº1.
En el auto, un CD de Nina Simone sonaba. Tobi cambio a la radio y sintonizó la Radio Corazón, que en ese momento hablaba Rodriguiño presentando un regueton famoso. Gustav lo miró furibundamente. Tobi percibió el gesto de su jefe de reojo, y puso de nuevo el CD. Al Coronel le gustaba mucho esa musica negra de bares. Lo hacia recordar sus años gloriosos cuando vivió en New Orleans, Estados Unidos.
-Este es, el 3527-A. ¿Tienes bien puestas las bolas Tobi?- dijo Gustav
-No necesito responderle esa pregunta Don Gustav-respondió el grueso acompañante del Coronel mientras se ajustaba una Glock 17 de 9mm a su cinturón.
-¿Estamos?-preguntó el Coronel, a lo que Tobi asintio con la cabeza.
Se abrieron las puertas del auto y bajaron los dos. Gustav tomo la delantra. Su paso era arrogante, y sin ninguna señal de miedo. Tobi, como fiel guardaespalda, caminaba atento a lo que pasaba. Tocaron el timbre. "Ring!". Nadie se asomó. "Ring!", por segunda vez. Ni un solo ruido se escuchaba desde dentro de la casa ubicada en Recoleta. El Coronel miró a Tobi y le hizo un guiño. Tobi se adelantó, palpó la puerta y de una patada certera la derribó al instante. Tobi entró primero. Se dieron cuenta q habian ruidos en el segundo piso. Subieron con calma, seguros de lo que hacian. Entraron a la pieza y ahi estaban.
- Hola Señor Gutierrez, que gusto encontrarlo, yo pensaba que no se encontraba en casa.- dijo el Coronel con tono ironico
- Eh...Uhmmm..Este..Don Gustav, disculpeme, no había escuchado el timbre... - respondió el delgado hombre que yacía en la cama semidesnudo.
-No se preocupe señor Gutierrez, ya estoy aqui dentro-dijo sentandose en la cama el coronel- Usted sabe por que vengo a visitarlo a estas horas de la noche, cierto?.
- Uhmmm no, no, Don Gustav, en verdad nada me hace imaginar su visita- dijo nervioso y sudando profusamente Gutierrez.
El Coronel en un movimiento rapido lo agarró de sus bolas y apreto tan fuerte como pudo. Sus ojos, rojos de ira, lo miraban fijamente mientras dijo:
-Pues bien, entonces vamos a hacerlo entender sobre mi visita. ¡Tobi! registra esta mierda!-gritó el Coronel, mientras le sonrió malevolamente al señor Gutierrez.
El gordo recorrió la casa y abrió cada puerta que encontró. Finalmente se oyó un grito desgarrador
-Sueltame bestia!-gritaba una mujer
El rostro de Gutierrez terminó por ponerse blanco. Tobi entró a la pieza con una mujer joven y desnuda al hombro que gritaba y pataleaba. La tiró sobre la cama. Gustav, la miró con furia, pero contuvo sus deseos de ponerle un balazo en la entreceja.
-Asi pues, mi querido, ahora entiendes la razon de mi visita-dijo sonriendole a Gutierrez.
- Por favor Don Gustav, le juro que no....-intento balbucear Gutierrez
-Calla miserable!-grito Tobi
El Coronel se levantó de la cama, mientras la mujer lloraba profusamente y Gutierrez temblaba del panico. Los miró a los dos y les dijo:
-Dios nos hizo pecadores, Dios perdona nuestros pecados. Al contrario de Dios, yo no los perdono.
Bajó las escaleras, y encendiendo un cigarro subió a su auto. Dos balazos se escucharon en la zona norte de la capital. Tobi regresó al auto, y encendió el motor. El auto se perdió en la oscuridad nocturna de Santiago de Chile.

Entrevista al antropologo Marc Augé


"La imagen puede ser el nuevo opio del pueblo"


ANDREA AGUILAR - Madrid - 23/06/2007


Su formación fue literaria y filosófica. Dice Marc Augé (Poitiers, 1935) que la antropología a finales de los cincuenta no tenía un programa académico bien definido. A ella accedió en la década siguiente, cuando se sumergió en el continente africano. Luego le llegó el turno a Suramérica y hoy este profesor y ex director de l'École des Hautes Études en Sciences Sociales de París sonríe al afirmar, en perfecto castellano, que él ha ido cambiando "con la mundialización misma". Su perspectiva actual le ha llevado a destilar conceptos de la vida contemporánea como el de los no lugares para referirse a aeropuertos o autopistas. Su último libro, El oficio de antropólogo (Gedisa), emprende una defensa apasionada y argumentada de su vocación.


¿Es la antropología más necesaria que nunca?


El presente siempre es un paisaje que hay que estudiar. La Antropología es un lugar, en un momento. Su objeto de estudio es la relación entre seres humanos en un grupo dado, tomando en cuenta el contexto. Es muy difícil pensar en el tiempo desde la ideología del presente.


¿Y el pasado de su disciplina?


El contexto es lo que está cambiando. El cambio es parte del objeto. No hemos perdido las sociedades primitivas sino que todo se está transformando. No estamos para celebrar los paraísos perdidos, que no lo eran en ningún caso. No hay que alimentar la nostalgia porque no es parte del oficio de antropólogo, es una ilusión. La antropología tiene un rol y es útil para la observación del mundo actual.


Habla de sobremodernidad, de la multiplicidad de cosas y de la aceleración del tiempo, del imperio del tiempo sobre el espacio en la era de Internet.


Es una tensión que atraviesa el mundo entero. La homogeneización y la globalización económica y tecnológica producen la ilusión de que podemos comunicarnos con el mundo entero. La reacción a esto es el nacionalismo y los proselitismos religiosos como el evangelismo o el lado más tradicional del Islam que está estrechamente vinculado a regímenes políticos no democráticos que imponen la opresión de individuos y una ideología respecto a todo tipo de problemas como la desigualdad de las mujeres. Es la diferencia cultural que las democracias tienen que combatir.


¿Busca la antropología el factor común a todos los hombres?


El objeto intelectual son las relaciones de parentesco o el poder económico. La simbolización de estas relaciones es el hecho común, patente en la educación a los niños. La alienación del individuo a la estructura es necesaria para ser sano de espíritu. El hombre que se aliena consiente vivir en un mundo con relaciones preexistentes. Cualquier régimen político es una tensión entre el sentido social y la libertad. Lyotard plantea dos tipos de mitos: la cosmogonía del pasado y los mitos del futuro y progreso del siglo XVIII. Todos han fracasado.


¿Otro gran relato del fin de la historia?


No tenemos herramientas para entender lo que pasa. Hemos olvidado las herramientas intelectuales. No somos capaces de pensar el tiempo. Hay una denominación del lenguaje del espacio. El binomio local-global no es equivalente a particular-universal. Lo local puede ser una réplica de lo global o una excepción y lo particular tiene cosas que se relacionan con lo universal de forma dialéctica. De ahí surge el término glocal.


Dice que lo real se esfuerza por ser ficción.


Sí, es la ilusión del individuo frente a su contemporaneidad. Toda la historia del mundo en su ordenador. Seleccionar y utilizar la ilusión de libertad porque las cosas son representadas desde el consumo.


¿Se expanden los no lugares?


Ésta es una noción que se opone al lugar entendido en su sentido antropológico, es decir, como espacio en el que se plasman las relaciones sociales mismas. El no lugar es una realidad empírica. Mucha gente no tiene allí nada que negociar, pero esto no es una distensión absoluta: es un no lugar para unos y un lugar para otros; por ejemplo, para quienes trabajan en un aeropuerto. Se ha producido un desarrollo de estos espacios por todo el planeta; espacios organizados a través de códigos que no están pensados para la comunicación. Tienen una organización muy sofisticada, pero no tienen incorporados los elementos simbólicos de las relaciones sociales.


¿Los medios sustituyen, ganan terreno a otros agentes sociales?


La imagen puede ser el nuevo opio del pueblo. Vivimos en un mundo de reconocimiento, no de conocimiento. Se vive realmente a través de la pantalla. Los medios de comunicación deben ser objeto de educación, no sólo un canal de información. Sólo entiendes la manipulación de las imágenes al hacer una película. Hay que aprender a leer y a escribir y también a leer y a hacer imágenes.

martes, 13 de mayo de 2008

Panty - Por ti



Un temazo ! HipHopSoul from Chile!

lunes, 12 de mayo de 2008

Freezin!

Aquí sentado en el bar tomándome solo unas copas

borracho hasta el culo y con mi lengua rota

en sorbos, sacudo mi cabeza,

torpeza, es como a mi me llama mi amiga cerveza

borracho de tristeza, viviendo en la estratosferá

¿no te apena que sea tan solo un ebrio?, diles,

que no distingo, entre uno y miles.

Fin de esta historia, botado y solo,

matando moros y cristianos en sueños reflejo

me miro en el espejo, y ya no quedo perplejo,

tan solo es mi cara, que ya no refleja nada.

Relato de Ruta: Etnografía en Valparaiso

Por Francisca Retamales


(Extracto diario de campo, Investigación en terreno nov, 2006. "Vagabundos del barrio Puerto: Etnografia del habitar" en www.antropologiaurbana.cl/etnografias, Núcleo de Antropología Urbana-UAHC.)



Ya van seis días en terreno. Hoy fue un día diferente. Hace un par de días Daniel y Luis me invitaron a que los acompañara en su ruta nocturna de macheteo[1], por las calles Serrano, Sotomayor, Errázuriz hasta llegar a Bellavista. Durante todo el día ha habido expectación frente a la invitación. Me preguntaron continuamente si los acompañaría, para mí no había duda. Pensé que la expectación se debía a que realmente no me creían, pero luego entendí el verdadero por qué. Se habían corrido la voz de que me iría a dormir con ellos al ruco[2], pero mi intención era llegar con ellos sólo a Bellavista, estar un rato y luego irme, tal como pasó.

La ruta empezaría en plaza Echaurren a eso de las 20:00 horas, luego de ir a comer al comedor 421. Se me había advertido que durante el trayecto me mantuviese un poco distante de ellos para no interferir en el macheteo, ya que si me veían con ellos era probable que no les diesen plata. Obviamente no tuve ningún problema en ello, ya lo había pensado, así que les dije que no tuviesen problema, que intentaría pasar inadvertida para que no nos asociaran y así no les fuera mal con el macheteo. Claramente yo sabía que mi presencia sí afectaría, no sólo porque nos vieran juntos, sino porque era la primera vez que estaría con ellos “en acción” fuera de la plaza y del barrio. En estos días se ha creado confianza y afecto con el grupo, pero acompañarlos en su trayecto significaba que me mostrarían otra faceta de sus vidas y que saliéramos del espacio conocido y común: plaza Echaurren. Para mí significaba, entre otras cosas, ver la ciudad desde otra perspectiva, no desde el lugar que para mí me era conocido como porteña, sino desde su lugar. Para ellos imagino, significaba abrirme otro espacio de sus vidas, que viera y viviera con ellos su quehacer de noche.

El día transcurrió normalmente, como era “costumbre” por estos días. Llego en la mañana a plaza Echaurren, allí los encuentro, estamos juntos, comemos panes, frutas que les regalan en el mercado, a veces soy yo la que llevo comida; panes con queso que compartimos mirando cómo pasa el tiempo. Hay ocasiones en que estoy con ellos todo el día, otras, a ratos, entro y salgo de la plaza, doy vueltas por el sector, voy al “421” a ayudar en la cocina, a servir platos, o converso con otras personas, o simplemente observo alejada del grupo, mientras ellos en la plaza toman y machetean para nuevos chimbombos
[3]. Ese día transcurrió como todos los demás, las horas pasaban sin mayor sobresalto, ni lentas ni rápidas, sólo pasaban.

Dieron las 19:00 horas momento en que se abre el “421”. A esa hora todo cambió, estaba ansiosa, preguntaba a qué hora partiríamos, a qué hora subiríamos a comer. Esperamos a que fueran las 19:30 porque había menos gente, menos espera y era más fácil entrar al comedor. Ya había estado antes en el “421”, pero hoy tenía una expectación particular, no era sólo que tuviese hambre, estaba nerviosa. Creo que en ese momento recién tomé conciencia que me iría con ellos, no tenía miedo, pero tenía la sensación de que al acompañarlos saldría del ámbito que manejaba. Estar en la plaza no me significa ningún “riesgo”, la plaza es un lugar conocido desde niña, y además, creo ahora al menos poder intuir su ritmo, pero salir de allí es algo totalmente desconocido pese a los relatos que ya me habían hecho sobre su ruta, sobre los lugares, las detenciones y lo que hacían.

En ese momento se acerca el “Loco Lilo” a preguntarme preocupado si me iba a ir a dormir al ruco, me sorprendí de su pregunta, pero ahí entendí la expectación. Le respondí que no, que sólo llegaría con ellos a Bellavista, que no se preocupara, que si veía cualquier “cosa extraña” me iría de inmediato. El “Loco Lilo” empezó a hacerme toda clase de comentarios, que no confiara en ellos, que podía sucederme algo, que ellos creían que me iría al ruco… Él no creía que pudiese manejar la situación en tal caso, yo confiaba en que sí, pero en verdad creo en ese momento no sabía bien qué esperar, sólo me guié por mi intuición y confié. Finalmente el “Loco Lilo” me dijo que iría conmigo, que no me dejaría sola. A lo cual accedí, insistiendo en que no se preocupara, que no era necesario. Las cosas se me nublaron un poco, de confiar ya no sabía en quién realmente podía hacerlo y fue ahí cuando la extrañeza del estar allí se hizo patente.

Subimos al 421 a eso de las 19:30, nos detenemos en la entrada a esperar un momento lugar para entrar, una vez que el comedor está más desocupado entramos. Se deben pagar $50 pesos por persona, Daniel habla con el “tío Cebolla” para que los deje pasar gratis, que no tenían plata, que había gente que entraba a comer que sí tenía trabajo, que cómo ellos no iban a entrar. Nos dejan pasar a todos, pero yo, por remordimiento quizás, por tener el dinero para entrar, sin que se den cuenta le paso al “tío Cebolla”, que ya me conocía, una colaboración de $300 pesos por todos los que éramos. Él me mira y sonríe.

En ese momento éramos cinco personas: Luis, Daniel, el “Loco Lilo”, “Mister Gato” y yo. Entramos, el lugar estaba repleto, los seis mesones llenos de personas, hombres jóvenes, adultos y ancianos, mujeres adultas y ancianas, mujeres con sus hijos. Hacía calor, la luz amarilla y el espacio pequeño hacía que los olores de la cocina se concentrasen. El comedor es un lugar cálido, pero no necesariamente acogedor, sus murallas son bajas, es un local adaptado improvisadamente como comedor.

Me demoro un poco en la entrada, me saluda el “Harrison” y conversó con él. En eso escucho que me llaman, que me apure, que me tienen un puesto guardado. Me despido y me voy sentar. Nos ubicamos al centro del comedor en un mesón casi frente a la cocina. Todos estamos sentados en una banca de madera, unos con otros, pegados, otros de frente. Ese día tocaban lentejas, nos dieron un plato rebosante, sabroso y contundente. Algunos se repitieron el plato. Cuando se llega más tarde y queda comida las “tías” de la cocina repiten plato a quien lo pide. Daniel y “Mister Gato” así lo hicieron. Comemos rápido, estuvimos allí no más de 20 minutos, durante la comida estuvieron pendientes de mí, pendientes de que comiera y que me comiera todo. Me ofrecían insistentemente más comida, pero en verdad no podía más. Se mostraron alegres de verme allí, con ellos, comiendo, eso decían. Una vez terminada la comida bajamos caminando lentamente por calle Clave hasta plaza Echaurren.

En la plaza estuvimos alrededor de dos horas más, mi nerviosismo había bajado, estaba más tranquila, pero seguía expectante. A esa hora había menos personas en la plaza, alrededor de ocho solamente. Volvemos a los bancos de siempre, fumamos mientras ellos siguen tomando lo que les quedó del vino del día. Como les queda poco y se acabará, piensan en comprar algo más. Algo pasa en el ambiente, tras la comida los ánimos se vuelven más agresivos, deciden comprar una botella de ron, recolectan el dinero con algunos comensales que se unen a la idea del ron y lo compran. Ahora somos seis personas en el grupo, hombres todos, menos yo claro. Con el ron los ánimos se vuelven de golpe turbulentos, Daniel el menor, es el más agitado, da vueltas, discute, maldice. En eso, alrededor de las nueve de la noche llega a la plaza un grupo de voluntarios de la iglesia de Schoenstatt a dar té, café y un pan con mermelada. La plaza se empieza nuevamente a llenar de gente, a esa hora habíamos unas veinte personas. Ignoraba que este grupo de voluntarios fuera a la plaza a dar comida.

Pese a que no quería comer, Luis llega con un té y un pan para mí. No me pude negar y lo acepté, me lo entrega y me dice ansioso que tengo que conocer al “tío Esteban”, encargado del grupo de voluntarios. Él ya le había hablado de mí y sin que se lo pidiese lo llama insistentemente. Somos presentados y Luis le cuenta a cerca del trabajo que yo andaba haciendo. Me puse un poco incómoda, prefería acercarme por mis propios medios a los voluntarios de Schoenstatt, pero Luis se adelantó y sin darme cuenta tenía un portavoz hablando por mí y a un desconocido mirándome con cara de interrogación cómo diciendo “de qué se trata todo esto”. Interrumpí la presentación y me puse a explicar lo que estaba haciendo en el barrio. Nos sentamos los tres: Luis, Esteban y yo en las bancas de la plaza, conversamos acerca de la labor de Schoenstatt, mientras tomábamos té y comíamos. De pronto aparece Daniel y se produce una discusión entre él y Luis, el ambiente se puso tenso y se integra a la discusión el “Loco Lilo”. Esteban me mira con miedo, teme por mí, intento calmarlo y nos alejamos un poco de ellos, junto con nosotros viene el “Loco Lilo”. Seguimos conversando, luego Esteban nos dice que tiene que irse, se disculpa y nos invita a participar en una oración. Vuelve a su grupo para reunir a la gente a un costado de la plaza y los ubica en círculo. Me acerco a ellos y me quedo atrás observando.

Estaba nerviosa por lo que había pasado, de los seis días que había compartido con el grupo en Echaurren, nunca los había visto tan agresivos; me asusté, pero me contuve y seguí ahí. Luis y Daniel seguían discutiendo en el otro costado de la plaza, mientras me cuestionaba si acompañarlos o no en la ruta. Intento poner atención al rezo, pero no logro captar bien, sólo escucho que se da gracias por el alimento y se pide a Dios por todos los necesitados. Las personas de la ronda escuchaban la oración pero por el nerviosismo no presté atención a los detalles. No pude leer en sus gestos corporales, si en verdad había devoción y agradecimiento, o sólo estaban ahí por responder al gesto del té y el pan. La oración concluye y el grupo rápidamente se dispersa. Hay un movimiento generalizado al interior de la plaza, se acrecienta mi nerviosismo, me detengo y me increpo a tomar una decisión: ir o no ir. En ese instante aparece el “Loco Lilo” y me dice que no vaya, que no sabía lo que podía pasar, que no era bueno que fuera con ellos. Él creía de verdad que el recorrido terminaría conmigo en el ruco. Le aclaro que eso no será así, que sólo llegaré a Bellavista, no me creyó mucho y reafirmó su intensión de acompañarme en la ruta, pese a que dormía en el Ejército de Salvación a media cuadra de donde estábamos. Daniel, Luis y “Mister Gato” emprenden la ruta y se dirigen a calle Serrano señalándome al pasar que era hora de partir.

En ese momento ya eran las diez de la noche y la ruta iba a variar un poco por estar los negocios cerrados. Según me contaban, de la plaza caminaban hacia calle Serrano en dirección a plaza Sotomayor, pero se detenían a medio camino en la panadería “Rico Pan” a machetear. Como las cosas se habían revuelto un poco, me despido de Esteban desde lejos y en un acto compulsivo, me escabullo entre la gente y decido emprender sola la ruta por calle Cochrane y encontrarme con ellos en Sotomayor para ver si los ánimos se habían calmado. Cochrane es una calle paralela a Serrano, ambas calles están interconectadas por pequeños pasajes. Como los negocios estaban cerrados y a esa hora no andaba gente en la calle, supongo que su paso por Serrano sería perceptible, es decir que los escucharía y me daría cuenta si los ánimos se habían calmado o no. Si no era así, tendría que optar por abortar la ruta e irme a casa.

Caminé casi una cuadra, dos pasajes de por medio, no escuchaba nada, al tercer pasaje me detuve, me tranquilicé y pensé que lo que estaba haciendo era un poco ridículo, así que esperé a encontrarlos. Me vieron y caminaron hacia mí, venían todos, los cuatro: Daniel, Luis, “Mister Gato” y el “Loco Lilo”. Una vez juntos Daniel me pregunta molesto, que porqué me había ido por esa calle si sabía que la ruta era por Serrano. Le respondí que estaba esperando que se tranquilizaran un poco, que pensaba encontrarlos en Sotomayor. Estaban más calmados, ahí me di cuenta en verdad que las discusiones en la plaza no habían sido graves, estaban un poco alterados, pero más que nada abatidos por el alcohol, aún seguían juntos, eso me devolvió la confianza y pude dimensionar mejor las cosas, tranquilizarme y continuar.

Caminando rumbo a Sotomayor, conversamos y nos reímos un poco. Como era costumbre andaba con mi cámara y me preguntaron si sacaría fotos, que era importante que lo hiciera porque así quedaría registro de su ruta. La verdad no pensaba usarla, pero me pareció pertinente si ellos me lo pedían. Traté de hacerlo con cautela, me sentía incomoda, me parecía que el acto de sacar fotografías en este contexto era como escenificar la ruta y pese a que era de noche, no usé el flash, era demasiado espectáculo para este cotidiano.

Una vez que llegamos a plaza Sotomayor doblamos en diagonal en dirección al mar hasta llegar a Avenida Errázuriz. Desde este momento empezó el macheteo, así que tome un poco de distancia y me quedé tras ellos, el “Loco Lilo” y “Mister Gato” me acompañaron. Daniel de 28 y Luis de 33 años, son los que machetean, ellos son los más jóvenes del grupo. El “Loco Lilo” tiene 47 años y “Mister Gato” 44. De los cuatro sólo tres duermen en la calle; el “Loco Lilo” duerme habitualmente en el Ejercito de Salvación, en ese tiempo llevaba nueve días sin beber. “Mister Gato” no se veía en muy buen estado, andaba a paso lento y hablaba con dificultad, estaba enfermo de un pie y los demás no querrían darle ron porque sabían que se pondría más mal, él estaba en el límite de la ebriedad.

El macheteo no lo hacen en grupo, uno se adelanta y pide; el que va detrás lo hace también, pero pide a personas diferentes. Luis era el más animoso, iba adelante, se sabía observado, era el momento para mostrarme sus técnicas de macheteo, sus dichos, sus aplausos, su manera de llamar la atención a las personas tal como me había contado días antes. Daniel caminaba sin prisa, un poco enrabiado, pero más tranquilo. A ratos caminaba junto al “Loco Lilo” y conmigo, a ratos se adelantaba, o caminaba con “Mister Gato”, quien se había separado un poco y caminaba cada vez más lento.

A medida que llegamos al sector de los bares de Errázuriz nos topamos con un tumulto de botellas de pisco y ron vacías, se detienen y empiezan a ser bromas y mofas de la cantidad de copete que se tomaron, como si esas botellas las hubieran desocupados ellos. Me piden que les saque una fotografía.




Tras algunas risotadas y bromas seguimos caminando. A esa hora la gente está en los paraderos esperando micro para volver a sus hogares; ese momento del día según me indican, es bueno para machetear, harta gente, “harto de todo”.

En el transcurso sólo Luis machetea, Daniel va caminando tranquilo, conversa conmigo y con el “Loco Lilo”. “Mister Gato” avanza sin mayores comentarios. Las personas al ver a Luis tienen diferentes reacciones, algunos lo ignoraban, otros se detienen frente al “¡me faltan $10 para un kilo de vino!”, otros le convidaban del cigarro que se están fumando. Luis, enérgico agitaba sus manos aplaudiendo, llamando la atención de las personas al pasar, sus dichos eran fuertes y seguros. Cortés, sin temor a pedir una moneda o un cigarro, no se enojaba con aquellos que no le daban nada, los ignoraba y seguía caminando. Daniel, mientras conversábamos al pasar, macheteaba cigarros que nos íbamos fumando en el camino. Al llegar a la intersección de Errázuriz con Bellavista, doblamos en dirección al cerro. Pasamos la gasolinera, cruzamos la calle y a las afueras del supermercado Líder, en el paseo peatonal nos detenemos a saludar a un grupo de jóvenes punk que también estaban macheteando. Se saludan entre ellos y me presentan al grupo como una amiga, uno de ellos me reconoce, nos habíamos conocido anteriormente en plaza Echaurren un día mientras estaba con Daniel y Luis y este joven punk pasó a saludar, el vive en el barrio. Conversamos un rato, nos cuentan cómo va el macheteo y luego nos despedimos.

Seguimos caminando por Bellavista hasta llegar a esquina de Condell. Allí, al costado de la farmacia Cruz Verde nos detenemos, ese es su lugar, el punto o la “oficina” para el macheteo nocturno. Nos ubicamos al borde de la cortina de la farmacia que a esa hora estaba cerrada. Dejamos los bultos, un saco donde llevan una frazada y una bolsa con un poco de pan que les habían regalado, y otro saco donde está el chimbombo, el único que les va quedando. Daniel, “Mister Gato”, el “Loco Lilo” y yo nos quedamos sentados en el borde de la cortina. Luis cruza a la vereda de enfrente y se ubica a la misma altura que nosotros, se mantiene de pie y empieza a hacer su “performance” para el macheteo. Aplaude, increpa y les pide a las personas a viva voz dinero, un cigarro, lo que sea, se sabe observado. Por este lado, Daniel estira la manga, mira a las personas desde abajo, las ve venir y las elige para machetearles. Intento pasar inadvertida, pero es difícil, la gente al pasar me observa un tanto sorprendidos, no tomo en cuenta las miradas y continúo al lado, sentada, fumando. La noche no ha sido buena, entre Luis y Daniel sólo llevan algo más de $1.000. Luis tira las monedas desde la cuadra de enfrente, Daniel es la “caja” esta noche, él es el encargado de juntar el dinero en un fondo común.


En esos momentos Daniel y Luis son una dupla, son compañeros de la calle, pasan todo el día juntos, duermen juntos en un ruco bajo el edificio de la Intendencia Regional, a dos cuadras de donde estamos. Todo lo que consiguen en el macheteo lo reparten entre los dos, sólo suman a amigos en el caso de que ellos también colaboren con algo. En esta ocasión la regla la pasarán por alto porque “Mister Gato” anda enfermo y no puede “trabajar”. Con el dinero se abastecen de vino o ron, según prefieran, y de cigarros para la noche y la mañana siguiente. Como ya estaban tomando ron, la misión era comprar otro y cigarros para la noche, y ojalá un chimbombo para el otro día. Era alrededor de las 11:30 de la noche, el ron ya se había acabado y quedaba un poco de vino. Como no tenían mucha plata e iban a cerrar la botillería, se decide comprar sólo un chimbombo más. “Mister Gato” es el emisario, va comprar a la botillería de siempre ubicada a media cuadra de donde estábamos por la subida Ecuador.

Mientras estábamos en la esquina, por la vereda de enfrente Daniel ve pasar a una antigua amiga de Luis y le avisa que está ahí. Luis se pone nervioso y parte corriendo a saludarla, al rato me llama para que vaya a conocerla. Estuvimos en la esquina conversando largo rato, su amiga era una antigua compañera del orfanato, crecieron juntos. Luis nervioso y emocionado me contaba pasajes de su vida con ella, mientras ella asentía con la cabeza, y como Luis le había contado qué estaba haciendo yo, la amiga le pedía que colaborara conmigo. Ella ahora es asistente social y había trabajado en su práctica un par de meses en el Comedor 421. Conoce bien a Luis, le ha seguido los pasos, se notaba mucho cariño entre ambos. Le conté lo que estaba haciendo y me dio algunos datos y consejos, luego nos despedimos y volví a la esquina donde esperaban los demás. Luis volvió diferente, desanimado, la noche no estaba buena y se había puesto melancólico, triste y conflictivo. Los demás obviaban sus reacciones, seguían en lo suyo, pero todos, especialmente Daniel, sin decirlo, estaba muy pendiente de Luis.

Era ya la una de la mañana, estaba cansada, había sido un día largo e intenso, así que decidí que ya era hora de volver a casa y descansar. Al día siguiente tenía que estar temprano en Echaurren, y quería en lo posible, decantar lo que había sido el día de hoy. Así es que le entregué los cigarros que me quedaban a Daniel y le dije que me iba. Daniel también se iría, pero Luis estaba enojado y no quería nada, sentado en la acera de enfrente nos daba la espalda y hacía caso omiso a los llamados de Daniel, que le decía que ya era hora de irse al ruco. Nos levantamos todos, yo crucé para despedirme de Luis, lo encontré triste, llorando. Conversamos un rato largo mientras los demás caminaron y esperaron en la esquina de la Avenida Brasil con Bellavista, atentos. Luis se quería ir de la calle, reclamaba por la vida que tenía, me increpaba sobre el trabajo que estaba haciendo, me preguntaba qué ganarían ellos con eso… difícil pregunta, nunca es fácil de responder.

Traté de apaciguar un poco su pena, conversamos un rato más hasta que se calmó. Accedió a caminar conmigo hasta donde estaban los demás, pero siempre insistiendo que ese día se iría al Ejercito de Salvación. Llegamos cerca de la esquina de Brasil y Bellavista. Ahí me separaba para tomar el colectivo a casa. Me despedí de todos con dificultad, estaba abrumada con la intensidad del día, además de imaginar como los rumbos cambiarían al separarnos; ellos al ruco, yo a mi casa. El “Loco Lilo” insistió en acompañarme al colectivo que quedaba a media cuadra de donde estábamos. Caminamos, esperé el colectivo, me despedí, me subí y partí imaginando lo que podría suceder con ellos: todos seguirían caminando en dirección al Puerto por la calle Blanco; Daniel y Luis se detendrían en el edificio de la Intendencia donde tiene su ruco y dormirían allí. El “Loco Lilo” y Mister Gato seguirían hasta plaza Echaurren. El “Loco Lilo” dormiría en el Ejército como de costumbre, y “Mister Gato”… “Mister Gato”, no lo sabía, nunca supe donde dormía, no lo vi más.




Notas:
[1] El macheteo consiste en pedir dinero a las personas que van pasando por la calle. Es una actividad relevante en tanto de aquí surge la mayor parte de los “ingresos” monetarios para quienes viven en la calle. Lo recolectado se utiliza principalmente para la compra de alcohol, cigarros, bebidas, alimento o para la cuota de las hospederías, en el caso de los que allí duermen.
[2] Un ruco se le llama al lugar donde se acude para pasar la noche, pueden ser lugares adecuados con cartones en el piso o estructuras de cartón, lata y plástico, o lugares elegidos para dormir sin ser habilitados para esto.
[3] Chimbombo se le dice a la botella de litro y medio de vino tinto.



sábado, 3 de mayo de 2008

Villa Portales: El abandono y la apropiación

Por Scarleth Nijborg y Rodrigo Díaz Plá

(Extracto del trabajo "Apropiación y abandono de espacios públicos en Villa Portales" , publicado en www.antropologíaurbana.cl, Núcleo de Antropología Urbana-UAHC)




Algunos creen que la felicidad viene del exterior¿Te acuerdas cuando todos éramos nosotros?¿Dónde nacen los puentes que mueren a mitad de camino?¿Por qué amo este paisaje? Porque lo amo simplemente.
FRASES QUE REPRESENTAN A LOS POBLADORES DE LA VILLA PORTALES PLASMADAS EN UN PUENTE POR LA ARTISTA VIVIANA BRAVO.

Cuando hablamos de espacio público hacemos referencia a una serie de definiciones surgidas desde la antropología y sociología, el urbanismo y la arquitectura. A pesar de las posibles definiciones, algo que es innegable es que un espacio publico bien concebido es un factor determinante para una vida barrial, e incluso a nivel de ciudad, más satisfactoria. Bajo esta óptica es que analizaremos estos espacios: bien constituidos los podemos concebir como lugares en el sentido que le otorga Marc Augé, y es a lo que debería aspirar todo espacio socialmente factible de ser aprovechado para generar relaciones sociales y redes de participación efectiva. Pero, ahora bien, ¿qué entendemos por espacio publico? Para poder definirlo con precisión debemos acudir a las distintas dimensiones desde el cual es abordado este concepto. Desde una perspectiva jurídica, el espacio publico se define como “un espacio sometido a una regulación específica por parte de la administración pública, propietaria o que posee la facultad de dominio del suelo, que garantiza su accesibilidad a todos y fija las condiciones de su utilización y de instalación de actividades”.[1] En este sentido el espacio publico se define por su abertura a la utilización por parte de todos, es decir, de libre uso y acceso. Además hay que hacer hincapié en que se distingue dos nociones relativamente modernas: la propiedad privada y la propiedad publica.

En el sentido físico, el espacio publico supone una accesibilidad asegurada, pero no una extensión predeterminada. Puede ser desde un rincón ocupado para realizar actividades, hasta un parque.

Pero los autores señalan que no necesariamente la condición jurídica de un espacio publico es lo determinante para categorizarlo, ya que existen variadas dimensiones de este concepto: político, culturales, físicas y sociales, lo que devendría en una significación del espacio en conformidad de los procesos que la ciudad comienza a experimentar y a como los propios habitantes significan ese espacio. Por esta razón lo que define al espacio publico es “el uso mas que su condición jurídica”.[2]

Para un barrio, que es lo que nos convoca en este trabajo, el espacio publico está “compuesto por el entorno de las residencias, al cual se puede acceder a pie diariamente. Se trata de un espacio familiar, de pequeña dimensión urbana, de jerarquía intercomunal, que tiene un valor simbólico para un grupo reducido de personas –los vecinos y vecinas-; un dominio donde se reconocen las particularidades y la especifidad de valores y normas de comportamiento de grupos sociales particulares de la ciudad”.[3] Bajo este parámetro intentaremos identificar cuales son los espacios públicos en la Villa Portales.

Ahora bien, todo espacio publico tal como señalamos es un espacio físico pero que a la vez posee distintas dimensiones de expresión (políticas, sociales y culturales); y que a la vez su uso define su categoría como tal. Lo que no hemos definido es como otorgarle una valoración a un espacio publico. Esto según estos dos autores se da por la calidad de las relaciones sociales que se establezcan y la efectividad que ellas posean en la conformación de redes sociales y vida barrial, en este caso.

En base a esto reconocemos dos tipos de espacios públicos: abandonados y apropiados los cuales definiremos a continuación.

3.1. Espacios apropiados: Nos parece pertinente definir primero lo que se entiende por espacio apropiado. El espacio publico como señalamos recién, es un espacio común, en el cual no existe (y sí existe es mínimo) control sobre él. En el espacio apropiado, por el contrario, esto toma un giro, tornándose lo incontrolable, controlable, y lo ajeno, en propio. Esta noción de “lo propio” no necesariamente tiene que ver con una condición jurídica, sino también en el sentido de la significación que se le otorga a cada espacio. Este proceso de apropiación, señalan algunos autores, se enmarca como una “relación dialéctica y cíclica entre un componente de 'acción-transformación' y otro de 'identificación simbólica'”[4]. Este proceso requiere tiempo según estos autores, ya que es necesario una acción transformadora del espacio y además una adscripción de los individuos y/o el grupo con y hacia el espacio. Hay que destacar que podemos encontrar dos tipos de espacios apropiados: aquellos que son apropiados simbólicamente, los cuales permanecen siendo espacios públicos pero con un sentido de pertenencia e identidad de un determinado grupo que los ocupa. Otros, aquellos que son apropiados materialmente, en el sentido que son cercados o por medio de otra acción pierde su carácter de libre acceso al público en general y vecinos en este caso particular; pero que hicieron un recorrido para pasar desde un estado de espacio publico a uno de espacio privado. H. Lefebvre trata la apropiación de la calle también en el sentido de la transformación, definiéndolo como privatización mediante ocupación física, la cual invierte el uso habitual del espacio.

1) Espacios apropiados simbólicos: Estos espacios son aquellos que son de libre acceso, pero que un determinado grupo y/o grupos lo han integrado como parte de su representación de identidad, lo que expresan por medio de rayados de paredes, postes, pasarelas, etc.. Podemos encontrar por ejemplo Canchas de Baby Fútbol, esquinas, calles, pasajes, plazas, etc.
2) Espacios apropiados, valorizando lo privado: Estos son espacios que en un momento fueron públicos y que por diversos motivos los individuos y/o grupos de personas los integraron pero no como espacio publico ocupado, sino como un bien propio, es decir lo integran como propiedad, como espacio privado en definitiva. Por lo general estos espacios no tienen una base jurídica que los respalde.

3.2 Espacios abandonados: Son espacios por lo general corroídos por el tiempo. Estos espacios no cuentan con personal que se preocupe de mantenerlos, y estéticamente no son bellos. Acá existe una dicotomía entre los espacios abandonados en el sentido de despreocupación por ellos, ya que solo son espacios de paso, y en algunos casos para conversar “a la pasada” o de corta permanencia; y por otra parte los espacios abandonados en los cuales no existe ningún tipo de relación social en ellos (no-lugares en términos de Marc Augé). Por eso, hay que ser bien claro que el concepto de abandono es de carácter relativo: algunos espacios claramente han sido dejados a la deriva por la institucionalidad en el sentido estético y funcional, pero que para la población aun forman parte como sector de pasada o tránsito y de relativa interacción social; pero otros espacios se encuentran solitarios, sin ningún tipo de relación social ni estética con el entorno, es decir en abandono total.

La apropiación y el abandono en la Villa Portales

Tal como hemos señalado anteriormente, distinguimos dos tipos de espacios públicos apropiados: ya sean simbólicamente apropiados, o de manera efectiva.

Apropiación del espacio público valorizando lo propio (jardines y patios):
En tanto se ingresa a la villa podemos apreciar cómo los vecinos se han apropiado de espacios públicos por medio de la creación de jardines privados para cada casa o departamento de primer piso.
Son diseños irregulares en cuanto a tamaños y materiales que producen la delimitación, el perímetro de estos jardines y patios.
Las extensiones privatizadas son considerables y podemos apreciar claramente como en muchos casos dicha extensión tiene que ver con ingresar algún árbol añoso al terreno “interior” de la vivienda. Mientras que otras más modestas, buscan la conformidad de poder ingresar un vehículo al “jardín”. Decimos lo anterior en orden a entender estas apropiaciones como una graduación entre el exterior y las viviendas, tratando de hacer más pausada la diferencia entre los ámbitos públicos y privados. Donde este terreno antes público y por tanto de libre acceso a cualquiera ahora es parte de la vivienda, es un exterior, pero propio que gradúa la salida al exterior público.
En el interior de los jardines es común encontrar sillas y mesas de terraza, sillones o similares para descansar o sentarse fuera de la vivienda, algunas poseen piscinas o piletas y elementos de recreación. Gracias a la magnitud de algunos, la disposición permite generar cierto orden del espacio: recreación, césped, plantas, entrada de auto, etc. Lo que nos demuestra que lo que era pensado para hacerse colectivamente pasó a ser algo privado y exclusivo de cada familia.
Solo encontramos un caso de plaza mantenida y ocupada que no presentaba rejas en su perímetro. Está ubicada en la esquina norponiente del espacio que se forma entre los blocks 1 y 8, precisamente entre el block 1 y las casas de un piso. Esta plaza presenta una gruta de la Virgen, asientos, jardín con cerco de madera blanca y todo pintado en combinación, no presenta ningún tipo de cercado en su perímetro, sólo en sus jardines.
Como mencionamos, los espacios exteriores más próximos a los departamentos de un piso y a las casas en general, fueron “tomados”, apropiados por estas personas. Quienes cerraron estos espacios formando jardines o “ante – jardines” para sus viviendas. Los cuales tienen unas extensiones considerables.
Utilizamos el concepto de apropiación de lo publico valorizando lo privado, porque mediante estas acciones se les quitó el carácter público a estos espacios transformándolos en lugares propios de cada vivienda, cuyo uso y acceso quedó remitido particularmente a los habitantes de estas. En desmedro del libre acceso y uso con el que fueron concebidos.
Es posible apreciar, que en más de un 90% de las casas y departamentos de un piso se han apropiado de los terrenos que colindan con la parte delantera y trasera de las viviendas. Estas apropiaciones privadas son irregulares en cuanto a tamaño, en algunos casos son extensiones bastante amplias y en otros sólo lo necesario para ingresar un automóvil.
De este mismo modo, es posible ver como se han ido cercando los espacios considerados inicialmente como co- propiedades, no sólo los espacios exteriores, sino que también dentro de los edificios. Los pasillos, las calles elevadas y en dos casos incluso se apropian de un espacio de estas calles elevadas, cercando el perímetro externo del departamento.
Una propietaria, quien vive en un departamento de un piso, y por supuesto posee un amplio jardín, nos contó que las apropiaciones comenzaron como a los cuatro o cinco años de llegados a la Villa. Posteriormente se “rumoreó” que iban a pedir estos espacios de vuelta para el libre acceso, pero eso no sucedió. Creemos que el periodo coincide con el año 1970 cuando la Municipalidad de Santiago declara los espacios exteriores como “Bienes nacionales de uso público”.
Además debemos mencionar que, la apropiación privada de estos espacios origina una no – apropiación pública del resto de los espacios públicos. Es decir, se transforman en “terreno de nadie”, quien pueda preocuparse de su mantenimiento. Punto que tratamos a continuación.

Apropiación simbólica de los espacios públicos (territorialización del espacio)
El ser urbano al estar en contacto permanente con los espacios públicos, intenta otorgarle sentidos y directrices. Estos sentidos están íntimamente ligados a ciertas condiciones que podrían ser la identidad, el reconocimiento, la exclusión… En la Villa Portales hemos reconocido a lo largo de este informe una apropiación de espacios públicos transformándolos en privados; y un desuso de los espacios públicos relacionado con el tema de la inseguridad y falta de organización de base. Otra expresión pero que más que apropiación de espacio publico, es la territorialización de estos como manifestación de un fenómeno determinado. En el caso de la Villa Portales reconocemos dos expresiones fundamentales: Las rayadas de postes y paredes con los colores de Colo-Colo y Universidad de Chile; y los tags[5] de identificación que poseen los raperos de la Villa Portales.
El caso de los colores de los equipos es el mas evidente a nuestros ojos, pero que sin conocimiento previo quizás nos podría parecer vacío y sin significado. Las pintadas de postes reflejan la supremacía de “los colores” sobre determinado territorio, entendiendo que en Chile existen dos barras enemigas, en esta guerra ritual y materializada que se llama fútbol se les conoce como “Los de Abajo” del club Universidad de Chile y “Garra Blanca” del club Colo-Colo. El significado puede variar dependiendo de cuan peligrosa o “brava” sea el grupo en su propia barra. Para esto tendríamos que profundizar en un tema que no viene al caso, pero que si lo repasaremos en forma de pinceladas: En las barras de Chile (en todas, sin excepción) existen distintos grupos (tribus se les podría llamar) que poseen nombres, jerarquía, gritos de guerra, y por supuesto un territorio delimitado por fronteras simbólicas. Estas son características comunes en todos los grupos pertenecientes a cada barra en particular. Lo que diferencia a un grupo de otro son factores que pueden variar como por ejemplo peligrosidad, sector donde viven, años en la barra y poder dentro de la barra que se traduce en respeto. En este sentido, el significado que se le otorga al pintado de postes puede moverse desde una simple demarcación de territorio simbólico, hasta incluso una amenaza de muerte si esos limites son traspasados. En el caso particular de la Villa Portales suponemos que estos limites son mas bien limites simbólicos, pero que poseen gran importancia por que se sectoriza la villa en territorios diferentes. Desde el Block 16 hacia el oriente se pueden observar postes pintados blanco y negro, que dan cuenta de que ahí existe un grupo de la barra de Colo-Colo marcando su territorio. Por otro lado, el resto de la Villa Portales esta pintada en postes y murallas por el grupo conocido como “La Portales” pertenecientes a la barra de Los de Abajo. Estas son marcas de limites y fronteras, que suponemos son respetadas por uno y otro lado debido a que no se ven signos de trasgresión en estas zonas marcadas. En otras comunas estas marcas de territorio son defendidas incluso con sangre, como si el territorio que se ve como publico y de libre acceso para todos, pasara a “manos” de un grupo particular definido por un fenómeno también particular.
En el caso de los rayados raperos la territorialización puede ser entendida individualmente o grupalmente. El tag o firma que posee el rapero es su sello particular, lo identifica y define como parte de un movimiento. Esta firma en el caso de la Villa Portales se manifiesta para sentirse parte del lugar, y plasmar en los rincones de este su nombre y su estampa. En el sentido grupal, se estampa el nombre del crew[6]y esto lo podemos apreciar en la Fotografía Nº4, donde el grupo APT marcó la pared con un graffiti.

Delgado (1999) señalaba que “Mas allá de los planos y las maquetas, la urbanidad es, sobre todo, la sociedad que los ciudadanos producen y las maneras como la forma urbana es “gastada”, por así decirlo, por sus usuarios. Son estos quienes, en un determinado momento, pueden desentenderse- y de hecho se desentienden con cierta asiduidad- de las directrices urbanísticas oficiales y constelar sus propias formas de territorialización, modalidades siempre efímeras y transversales de pensar y utilizar los engranajes que hacen posible la ciudad”[7]. En el caso particular de la Villa Portales, el (o los) individuos (jóvenes en su mayoría) la urbanidad ha fluido por caminos torcidos, pero que sin embargo son los propios ciudadanos y habitantes de este sector los que construyen sus formas de territorializar los espacios a través de distintas relaciones sociales y manifestaciones.

Espacios públicos abandonados

Con este concepto nos referimos a los espacios exteriores que fueron inicialmente considerados como parque público, para ser usados libremente por todas las familias de la villa y que ahora a causa del privilegio por el apoderamiento de parte de estos espacios, quedan sin uso y sin mantenimiento. Son tan predominantes como los jardines apropiados. La idea original de la villa era con amplias áreas verdes para la recreación colectiva, hoy nos encontramos con grandes extensiones abandonadas, en tanto carecen de mantenimiento alguno y no son utilizados más que como espacios de transito.
Estos lugares han dado paso a la vegetación del lugar: arbustos, árboles, malezas, pasto seco, pasto crecido largo, etc. También podemos ver autos abandonados y personas que han hecho sus casas. Estos son amplios terrenos de tierra o pasto seco, algunos sectores han sido ocupados como estacionamiento de vehículos.
Otros sectores más pequeños, no son más que plazas abandonadas con sus juegos rotos y rayados, vasos en los árboles, botellas en el suelo y basurero, golletes y pedazos de estas por el suelo, pasto seco y maleza larga.
También se dan las plazas con botellas y vasos, pero sin asientos, juegos ni nada que aluda a la posible ocupación actual o en el pasado del lugar, incluso la plaza que está al lado oriente del block 10 posee una llave de agua que ha sido clausurada, no se ven personas ocupando estos lugares durante el día, sino sólo transitando. Por lo que, podemos conjeturar que sólo son usados durante la noche por grupos que vienen a beber y fumar. Refiriéndonos alas plazas particularmente, porque los espacios entre blocks son grandes extensiones abandonadas y usadas para transitar.
En algunos casos, los bloques o casas colindantes a plazas se han hecho cargo de estas, arreglándolas, proveyéndolas de juegos y manteniéndolas, pero cabe destacar que están cerradas con rejas. Para así poder ser utilizadas sólo por las familias de dichos edificios y casas.
Pero en la mayoría de los casos, estos espacios han sido abandonados por las personas, quienes ahora se preocupan de su jardín o patio. Postulamos que implícitamente se asocia la responsabilidad de estos espacios con las personas del primer piso, quienes al ocuparse de su “propio” espacio exterior ya no se hacen cargo del resto y como vemos que estos lugares están sin cuidado ni uso, podemos decir que los departamentos de pisos superiores tampoco se hacen cargo.
Los espacios exteriores sin apropiación pública se encuentran descuidados, con maleza o pasto largo, los juegos (los que tienen) están rotos, incompletos y rayados. Hay vasos en los árboles y botellas en el suelo y basureros, por lo que podemos inferir que sólo son utilizados para ir a beber y por la noche, ya que, en el día no vimos gente en estos lugares. Otros son prácticamente peladeros, en otros casos han sido dominados por la vegetación: árboles, malezas y por autos abandonados. Muchos de estos lugares también han dado paso a que personas hagan sus casas allí.
Quisiéramos decir que, frente a esta apropiación privada de estos espacios, se ha dado un relativo abandono del resto de estos lugares. Por lo que, se desvirtúa del todo la propuesta inicial, los espacios exteriores ya no son en su totalidad públicos y los que podrían aún serlo no se consideran como tales, su utilización es escasa y limitada, mientras que su mantenimiento nulo.
También se ha dado un “encerramiento” de otros espacios públicos, que ya no son de libre acceso y uso, como son al interior de los edificios, aspecto tratado en otro punto del presente.
Una propietaria nos comentaba la sensación de individualismo que se vive hoy en la villa. Cada cual preocupándose de lo suyo, por sobre la interacción entre los vecinos. Contaba que estos espacios se utilizaban para hacer fiestas, reuniones, ramadas para fiestas patrias, etc. Hoy la misma sensación de inseguridad los ha llevado a restringirse y el recambio de propietarios y arrendatarios ha hecho disminuir la convivencia también.
A pesar de haber fracasado esta idea de amplias extensiones de áreas verdes y espacios exteriores comunes, no sucede lo mismo con la U. V. P. en su totalidad, ya que, los propietarios originales que aún quedan no están dispuestos a dejar sus viviendas, ni la villa.

Notas:
[1] Segovia, O. y Oviedo, E. Capítulo III: Espacios públicos en la ciudad y el barrio. En Espacio público, participación y ciudadanía. Colección Estudios Sociales. SUR. 2000. Pág. 51
[2] Ibid. Pág. 52
[3] Ibid. Pág. 53
[4] Pol, E. y Valera, S. Symbolisme de l'espace public et identitée sociale. Villes en Paralèlle, 1999. 28-29, 13-33
[5] Tags: Firma que le otorga identidad y pertenencia al movimiento hip-hop a un rapero. También se conoce como “chapa”.
[6] Crew: Pandilla o “piño”.
[7] Delgado, M. El animal Publico. Editorial Anagrama. 1999. España. Pág. 181

Curso: Patrimonio Cultural y Social


El Centro de Estudios del Patrimonio (CEPAT), de la FACULTAD DE ARQUITECTURA, URBANISMO Y PAISAJE, y las Escuelas de Trabajo Social y Sociología de la FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES de la Universidad Central, han estimado de alta prioridad aunar esfuerzos para desarrollar una experiencia transdisciplinaria, orientada al desarrollo de capacidades para la valoración del patrimonio cultural de nuestro país. El que la Universidad haya concurrido a la formación reciente del Centro de Estudios del Patrimonio indica la prioridad que tal tema está representando para nuestra comunidad universitaria.
En tal sentido, se ha estimado pertinente el diseñar y convocar a los profesionales interesados en esta temática para el desarrollo de una experiencia de formación y capacitación en patrimonio Cultural y Social que aborde las conceptualizaciones contemporáneas que se están utilizando en esta temática.

Contenido

- LAS IDENTIDADES CULTURALES EN CHILE Y LATINOAMERICA COMO PARTE DEL PATRIMONIO SOCIAL--Prof. Manuel Dannemann / Universidad de Chile
- PATRIMONIO HISTORICO SOCIAL EN CHILE--Prof. Sergio Grez / Director Museo Benjamín Vicuña Mackenna
- PATRIMONIO MUSICAL EN CHILE COMO PARTE DEL PATRIMONIO SOCIAL --Prof. Luis Merino / Vicerrector Académico - UCEN
- LA INSTITUCIONALIDAD JURÍDICA CHILENA RELATIVA AL PATRIMONIO CULTURAL--Sr. Oscar Acuña / Secretario Ejecutivo - Consejo de Monumentos Nacionales
- PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO – TERRITORIAL--Prof. Antonino Pirozzi / Centro de Estudios del Patrimonio - UCEN
- FUNDAMENTOS PARA UNA POLITICA PATRIMONIAL --Prof. Patricio Gross / Director del Centro de Estudios del Patrimonio-UCEN
- TALLER DE IDENTIFICACIÓN Y VALORIZACIÓN PATRIMONIAL --Prof. Luis Gajardo / Decano (i) Facultad de Ciencias Sociales - UCEN --Prof. Alejandro Diaz / Escuela de Trabajo Social - UCEN --Prof. Francisco Herrera / Secretario Ejecutivo - Centro de Estudios del Patrimonio - UCEN
Desde el 14 de Mayo al 16 de Mayo

Entrevista al antropólogo Manuel Delgado

"No hay nada que asuste más a los poderes que la calle"



El catalán Manuel Delgado visitó Buenos Aires y vio las vallas que protegen a la Casa Rosada con optimismo: "Quiere decir que el poder no se siente tan seguro" dijo al sitio web lavaca en esta entrevista donde cuestiona al progresismo que se ha vuelto más amable que justo y al poder que busca el control social. El rol del Estado y los discursos "culturales", reivindicación de la calle como lugar de expresión, y la crítica a los barrios como "parques temáticos". La diferencia entre las villas argentinas y la pobreza europea. Delgado, especialista en la investigación de los espacios públicos,paró en un hotel del centro porteño y lo primero que hizo cuando arribó fue salir a dar una vuelta para descubrir la ciudad. "Estuve en la Plaza de Mayo, vi a estudiantes que iban a sus clases, oficinistas que se dirigían a sus trabajos, gente durmiendo en la calle y un montón de vallas que protegían el Palacio de Gobierno. Eso me dio mucho optimismo".
-¿Por qué las vallas le dan optimismo?
-Que el poder le tenga miedo a lo que eventualmente pueda suceder en una plaza, advierte que no se siente tan seguro. Hay un texto de Mijail Bajtín, La cultura popular de la Edad Media y el Renacimiento, donde explica que la cultura popular es la cultura de la plaza. El último momento del libro es cuando el príncipe se asoma al balcón y ve al carnaval, y ve como la gente ríe y lo señala. El príncipe, entonces, dice:"Me siento solo y tengo miedo". Los poderes en el fondo tienen algo de impotentes. Todas las evidencias de que los poderes tengan algo de impotencia están bien. Que de pronto el poder insinúe lo que en la práctica es una suerte de agorafobia (miedo a los espacios abiertos) es buen síntoma. Todos los poderes son agorafóbicos. No hay nada que asuste más a los poderes que una calle, donde puede pasar cualquier cosa.
-Esta ciudad tras los acontecimientos de 2001 enrejó masivamente sus plazas, sus monumentos públicos, sus palacios gubernamentales...
- Y lo bien que hace. Está justificado.
-El arquitecto Rodolfo Livingston, dice que a mayor cantidad de rejas, menos democracia.
-Obviamente. ¿Pero qué es el espacio público? Es el espacio accesible a todos. Pero ¿dónde está? Búsquenlo. El espacio público no existe. Ese concepto tan vinculado a la tradición del republicanismo kantiano, vinculado al libre ejercicio de razón y la libertad por parte de individuos e iguales, no existe.
-¿En donde se manifiesta la gente, entonces?
-En la calle. Lo que quisieran los diseñadores y los políticos es que la calle fuera un espacio donde la gente vaya y venga de trabajar. O de compras. Pero además es el lugar donde pueden pasar cosas, donde uno puede reclamar y ejercer su derecho a pensar en voz alta, donde puede reunirse con otros para hacer cosas distintas a circular en coche. Donde uno puede perderse o encontrarse, caerse y volverse a levantar, morir y resucitar. O como diría Virgina Wolf, donde las cosas se juntan. Gene Kelly lo vería clarísimo: donde uno puede cantar y bailar bajo la lluvia.
-También es el lugar donde se hace visible lo invisible.
-Hombre, la única forma de controlar la calle es el toque de queda. Y un toque de queda, por lo menos en Europa, con frecuencia se realiza en nombre de las "normas cívicas" y de las "leyes de urbanidad", que sirven para hacer invisible a los excluidos. Ya las antiguas leyes de vagos y maleantes servían para garantizar las calles libres y limpias de cualquier cosa que las afeara y que desmintiera la presunción que esas calles debían tener de ser espacios míticos, con seres angelicales que se dedicaban a la práctica de la amabilidad y cortesía.
-¿Qué pasa cuando no es el poder sino otras personas las que piden limpiar los espacios públicos?
-Es la gente de orden, esa tensión no se puede conciliar nunca.
-¿Y qué pasa entonces? ¿Cómo se resuelve esa tensión?
-Pues, emerge la vida. La cuestión es que por definición, la calle, que es espacio de las visibilidades, no puede ocultar los conflictos. Se nutre de lo mismo que la altera. No se trata de hacer el elogio de la pobreza y la delincuencia, pero no son la consecuencia de que las calles estén abiertas, sino de factores estructurales que son por definición injustos. ¿Qué vas a hacer para evitarlos? Vigilancia privada y toque de queda. O cerrar las calles. Pero lo que no se puede hacer es evitar que la injusticia emerja. Puedes cambiar de sitio, esconderla. No es elogio al desorden, la calle es lo que es, porque refleja: es un escenario por naturaleza, lo que hay se escenifica, en definitiva es un teatro. No es más que eso.
-¿Por qué el poder se empeña, entonces, en legislar ese teatro?
-Hay que desconfiar de un poder que legisla únicamente en relación a la calle pero no en relación a otras cosas. A mí me encantaría que el poder legislara más, que sea más severo, más duro. Pero depende más duro con quién. Yo estaría encantado con que en Europa los poderes legislen sobre la temática de la vivienda. Ahí estoy dispuesto a formas radicales y despóticas de gobierno, con tal de garantizar que los jóvenes y los que tienen dificultades tengan acceso a la vivienda. Pero esas legislaciones no existen, lo que existe es una legislación para lo que rodea a esas viviendas que no serán jamás de quienes más las necesitan. Se actúa con frecuencia de manera enérgica y vehemente sobre aquellos aspectos que son acompañamientos de iniciativas inmobiliarias que deben ver garantizado el entorno. Si yo construyo pisos, hago promoción inmobiliaria, tengo que garantizarme que el entorno quedará bien vigilado. Que no me vigile a mí, sino que vigile a estos desgraciados que pueden robar o simplemente afear.
-¿Ya no existe el Estado como mediador y 'colchón' de las desigualdades?
-El poder no es neutral. Los estados no sirven a toda la sociedad. Los estados están al servicio de los grupos hegemónicos y no hay que ser marxista para verlo. Los discursos de "espacio público", "ciudadanía", "urbanidad", sirven como nuevas estrategias discursivas para hacernos creer que el Estado es neutral. Y lo hacen básicamente porque quieren convencernos de que el espacio público es de todos, que somos ciudadanos y que tenemos idéntico acceso a él. Y no es verdad. Ni las mujeres, ni los jóvenes, ni los pobres, ni los feos en contextos cada vez más diseñados, tienen el acceso que tiene la gente de clase media con aspecto amable y adecuado. Lo que hay son estrategias de mediación para convencernos de que el Estado representa a todos y no sólo a aquellos sectores que en el seno de la sociedad ocupan los lugares de los privilegiados.
-¿Usted diría que es el nuevo marketing estatal?
-Por supuesto que sí. Como siempre, defendiendo su posición de acuerdo a supersticiones que la realidad desmiente constantemente. ¿De qué ciudadanía se habla? En Europa, el 30 o el 40 por ciento de los habitantes de ciertos barrios ya no son ciudadanos. Directamente no son. De ahí su naturaleza de ser ilegales. Pero no nos engañemos, la ciudadanía se ha vuelto también el último refugio de la vieja izquierda, que se ha vuelto "ciudadanista".
¿La izquierda perdió mística revolucionaria?
- (Vale aclarar que Delgado se refiere a la izquierda europea y en muchos casos gobernantes, equiparable con lo que aqui llamamos "progresismo") Perdió la vergüenza y cualquier tipo de perspectiva de transformación social en nombre de la ciudadanía, que es la apología de las virtudes. El objetivo ya no es generar una sociedad justa, no es perseguir la pobreza, sino perseguir a los pobres. Además, lo hace a través de categorías abstractas, de valores presuntamente universales. El mundo es injusto y el objetivo es crear seres virtuosos, tolerantes, amables, receptivos. No justos.
¿Ahí nace su crítica a las políticas urbanas culturales, como la de Barcelona o Buenos Aires?
Claro que sí. Hoy por hoy todo es como vender un producto. La cultura es la nueva religión del Estado. La gran pregunta, en verdad, es cuánto vale el metro cuadrado después de levantar esos templos de arte. Lamento mucho parecer tremendamente prosaico pero estamos hablando básicamente de que este tipo de operaciones está pensada para elevar el tono moral del territorio con transformaciones que seguramente serán traumáticas y tendrán como víctimas a los de siempre. Me hace acordar a conquistadores españoles que iban con la cruz por delante: hoy las grandes operaciones de colonización del espacio urbano llevan a la cultura delante. Yo no estoy en contra de la planificación, sino de esto que se llama planificación. No me parece mal que alguien tenga una idea global de lo que debe ser la ciudad, que sea capaz de ordenarla de manera que beneficie a la mayoría. Pero una cosa es ordenar la ciudad, pero otra es ordenar lo urbano.
¿Cuál es la diferencia para usted?
-La ciudad es una morfología, infraestructura, servicios, espacios que deben ser mantenidos. La administración tiene la obligación de mantener la ciudad en buen estado. Lo urbano es otra cosa. El problema es que se quiere planificar lo urbano, no la ciudad. Administrar lo urbano es ejercer el control. Y hoy se controla todo menos lo que hay que controlar. Se convierte en poco menos que un mero instrumento policial e ideológico, la función es garantizar la ley y el orden. La ecuación de la vivienda es terrible. En Santa Fe me llevaron a ver los suburbios, las villas miserias. Y yo les dije, irónicamente, que no estaban tan mal. En Europa ni eso: ha habido movimientos a favor de las viviendas de emergencia, subnormales. Sé que como solución es detestable, que la autoconstrucción es detestable, pero al menos es una solución. En Barcelona y en Francia, hay miles de personas que viven en formas de barraquismo invisible: amontonándose en apartamentos o pisos en formas inimaginables. En Barcelona se alquilan camas por hora, duermen en balcones, en bañeras, en armarios, en patios interiores convertidos en pensiones ilegales. En Barcelona está prohibido ser pobre, está fuera de la ley. No se concibe y, sin embargo, hay cientos de miles de personas sin recursos, inmigrantes, personas mayores, jóvenes, que no tienen donde estar. Entonces estos barrios y villas que conocí aquí pueden resultar detestables, pero me permiten enfrentar el problema de la vivienda. Si tú no me lo solucionas, déjamelo solucionar a mí. No es que sea la misma miseria aquí que la de Europa, pero la de aquí se ve. Allí no es la misma, pero no se puede ver.
-Sin embargo, los distintos gobiernos traen asesores catalanes para crear la marca de Capital Cultural del Mercosur.
-Es que Barcelona es eso, somos un producto de promoción. Únicamente existe en los libros que regala el ayuntamiento y en las revistas de promoción para cotizar el metro cuadrado y generar turismo.
-Los defensores de ese modelo dicen que el turismo y la cultura generan fuentes de trabajo y riqueza.
-No puedes hacer que una ciudad dependa del turismo, porque es como los locales de moda: cambian el lugar que ocupan en el ranking de atractividad. Es extremadamente frágil. Barcelona sólo produce su propia imagen. Y sirve también para Buenos Aires. Ahora trata de tematizar el Abasto, gardelizarlo. No se puede vivir en un parque temático. Yo vivo en Barcelona, no puedo vivir en una tienda. Mi hija paga 600 euros de alquiler por 30 metros cuadrados. Aun tiene suerte. Vivir en Barcelona es un infierno, de locos. Finalmente se arma una ciudad prohibitiva.

viernes, 2 de mayo de 2008

Mutación en Santiago (o el rebote que atravesó Ñuñoa)


Todo había comenzado en los barrios de Serrano con Eleuterio Ramirez. Ya temprano, Pez y "El Floyd" se habían reunido a conversar de negocios. 18:30 de la tarde y el sol cae en la ciudad.Las sombras se extienden, y las luces comienzan a prenderse, mientras "el Chino" y yo entramos a Las Pipas. Al fin nos reunimos los cuatro. Saludos con respeto, un apreton de manos y un abrazo. El Floyd y Pez estaban en el rincon mas oscuro del lugar (y no era casualidad). Las cuatro cabezas reian y rememoraban antiguas hazañas en ese enclave del alcohol y el humo del cigarro. 3 terremotos (mezcla de vino pipeño, helado de piña y aquel "ingrediente secreto") matizaban la conversación. "No hay nada mejor que conversar de nada", dijo uno. Las risas abundaron. Las miradas se hicieron complices en un momento. El Floyd recibió un llamado. "Si, voy para allá, dale". Todo parecía normal, era el tipico llamado que recibia un hombre de negocios. Pagamos la cuenta y enfilamos hacía el centro. La noche ya había caido en su plenitud. Dos borrachos peleaban al pasar junto a nosotros. Tomamos el metro via Estación Central. Ahi nos detuvimos un momento, quizas una hora. Luego de hacer lo que teniamos que hacer, cada uno se despidió con respeto del otro. A esas alturas, el limite era minimo para comenzar a mutar. Es como si la noche transformara las mentes y cuerpos que en el día parecen incorruptibles. Junto con Pez viajamos en el metro. Conversamos de amores y humores. Me bajé en Irarrazaval, justo en el limite de la comuna de Ñuñoa hacia el poniente con la comuna de Santiago. Vi unas luces y unas pequeñas gotas de Rocío. Pasaba el rato, y una cerveza tras otra anestesiaba aun mas mi mente. Afuera, las micros pasaban a toda velocidad y los borrachos eran carne facil para los flaites que, cuchillo en mano, agarraban todo lo de valor que podían encontrar. Me quise ir a mi casa. Estaba lejos, pero nunca tanto como para no poder hacerlo. Espere la mciro. Ya eran las 3:00 a.m. Caminé por Vicuña Mackenna hacia el centro. El frio comenzaba a calar mis huesos. Espere en un paradero, junto a una prostituta y su cabrón. Solo autos pasaban con el regueton a todo volumen y jovenes extasiados en su interior. Paso el rato, y mi soledad se hizo temor. Una manga de travestis llego al mismo paradero. Me pidieron fuego., pero no tenía. Fui motivo de sus burlas y jugueteos. Me aleje. Entonces terminó la buena onda. Comenzaron a pedirme dinero. Trate de mostrarme rudo, cosa que no las intimidó. Preferi caminar. Empezé a cruzar Ñuñoa, sin destino fijo. Ya me di cuenta de que no pasaban micros en Vicuña Mackenna hacia La Florida, así que decidí caminar hasta Macul con Irarrazaval, justo la intersección que cruza la comuna de Ñuñoa por la mitad. La caminata se hizo tranquila. Marín con Vicuña es una esquina de moteles, por lo que me tope con 8 parejas, todas a pie, con grandes sonrisas y amor derramandose de sus ojos. "Pocos autos andan por estas calles heladas", pensé. No era priemra vez que hacía este trayecto, pero siemrpe improvisaba mi ruta. esta vez no fue la excepción. No recuerdo las calles por las que caminé, solo sé que en un lapso de por lo menos 10 cuadras no vi un alma en la calle, ni siquiera un perro vago. En una esquina, una pareja ponía velas a una animita. No soy creyente pero me detuve a mirar la imagen. Finalmente logré llegar a la esquina que supuestamente podría llevarme a mi casa. Ni una micro pasó. Ya estaba todo dicho, esta noche mi casa no era mi destino, y la calle iba a ser mi albergue. Camine hacía Vespucio, es decir, el limite oriente de la comuna de Ñuñoa. Pase por Plaza de Ñuñoa esperando ilusamente encontrar a alguien conocido. Solo vi un grupo de punks fumando marihuana en una escalera, y los meseros levantando sillas y mesas, y contando plata de propinas. Al pasar caminando por Ramon Cruz, dos flaites me saludaron con respeto. Les devolvi el saludo. Finalmente llegue a Plaza Egaña. Vagabundos y perros vagos daban vueltas en este frio intenso. Pense en buscar la mejor banca, pero, de un segundo a otro, me di cuenta de que era mejor seguir caminando...

martes, 29 de abril de 2008

Buenos Aires Nocturno: Luces en movimiento

El espacio urbano, distinguiendo específicamente aquel que se le conoce como "espacio público", es lugar de transito y vivencia, de relaciones a veces superfluas y momentáneas, pero que en el "ocupar" de los cuerpos, se va construyendo y de construyendo día a día.

















La noche en la ciudad, en este sentido, es siempre un momento perdido en la memoria colectiva de los ciudadanos, las relaciones sociales se hacen un poco mas difusas de poder captarlas para el ojo observador. Sin embargo la noche citadina no es sinónimo de tranquilidad o aletargo de este gran monstruo llamado urbe. La noche esconde (o muestra, según sea el caso), relaciones dinámicas de la vida de una ciudad en particular; momentos que se constituyen en el seno de las relaciones en lo urbano, y que tal como señala Manuel Delgado, se desvanecen tan rápido como se engendran.






Esta serie de fotografías de la noche de Buenos Aires intenta mostrar una ciudad de tintineos y movimiento, de luces y monumentos, de barrios y personas, de miseria y tango. En fin, una urbe tan viva en la noche, como en el día.





jueves, 24 de abril de 2008

Solo los Solo - Todo el mundo lo sabe



Temon ...

jueves, 20 de marzo de 2008