jueves, 14 de junio de 2007

La lluvia no siempre limpia...


Cuando empezó la lluvia casi no me di cuenta. Fue tan rápido, tan repentino, que la lluvia cayó sobre mi cabeza como un relámpago, y al compás de los truenos en mis audifonos, comencé a caminar. Los pasos calmados que venía dando fueron cosa del pasado. Ya lo que importaba era ir rápido, buscar un techo, dejar atrás la lluvia e intentar no mojar mas esta sucia cabeza llena de inmoralidades y enfermedades.
En el ir rápido, caí... el golpe fue duro, y no solo eso, sino que me empapo de pies a cabeza. Las micros citadinas pasaban sin compasión por al lado mio como ballenas en una carrera por el mar de la ciudad. Me pare como pude. Tome un madero, delgado, brillante, parecía de un árbol mas bien podrido...pero con tanta lluvia su aspecto parecía confiable para ayudarme a avanzar. Camine apoyado del madero, a paso mas lento, sin embargo mi estupidez mezclada con mi razón hacían de mi cuerpo inútil un manojo de sensaciones, y la primera fue correr...correr sin mas en busca de cobijo y calor. Intente hacerlo. El madero bajo mi axila, y la velocidad se empezó a apoderar de mi. Nunca había sentido tan de cerca el sonido del Metro de Santiago... era casi como si fuéramos uno. Cuando me di cuenta, ya era demasiado tarde, mi cuerpo no daba más. Mis tobillos, como alguna vez conté en historias pasadas, nuevamente quebrados como ramas secas, me pedían que me detuviera. El madero me ayudo a sostenerme. Y me resigne. La lluvia ya me había alcanzado. No era posible arrancarme de ella, aunque lo quisiera. Aguarde un momento. Mire al cielo. Inhale hasta llenar mis pulmones de ese aire húmedo. A lo lejos, en lugares no tan remotos, se veía como se despejaban las nubes....y eso, auguraba soles y un nuevo amanecer para mi madero.

1 comentario:

pol dijo...

descubri en tu blog, que escribir es una buena forma de desahogar el alma.

ahora soy brutal jajaja


desgarrare todos mis sentimientos!


pol.