martes, 23 de octubre de 2007

El día bendito de Dedos

Todo parecía indicar que era un día cualquiera en la vida de Dedos. Tal como lo había planificado, se despertó temprano para juntarse con dos compañeros de la universidad a terminar una carta. No quiso tomar desayuno, como de costumbre. 10:30. El metro de Santiago, lleno, fue su medio de transporte mientras se dirigía a su universidad. Todo parecía habitual: las caras planas de la gente de la ciudad, cansados de despertarse en la misma rutina; muchos con audifonos, evadiendo el ruido del motor del metro, que al fin y al cabo igual se cuela en la cabeza, sonando como ecos que rebotan de un lado a otro. Estación Baquedano, destino final. Caminando unas cuadras Dedos se dio cuenta de que su vestimenta no era la ideal para un día veraniego en esta primavera santiaguina. Se encontró con sus compañeros, y en cosa de minutos ya habían terminado lo que debían hacer. "Pero que día mas relajado, solo tengo que hacer esto y me devuelvo a mi casa", pensó ilusamente. De vuelta a La Florida. Este tramite no había demorado mas de 45 minutos. Estación Carlos Valdovinos. "Ring Ring", suena el celular. Una voz extraña del otro lado le dice que ha sido aceptado en una pega que el ya pensaba desechar. Le dijeron que tenía que estar a las 14:30. Trato de aplicar viveza, pero no le resulto, puesto que si la aplicaba, iba a ser reemplazado. Prefirió el dinero. Eran las 12:00. Cambio de anden, y de vuelta hacia el centro. Se acordó de su amigo Bronce, quien algún día le mencionó un dato que una chica llamada Diblú le había confidenciado: entre el metro Cumming y el metro Quinta Normal, existe una estación fantasma, la cual nunca terminó de ser construida y ue no tiene salida a la superficie. esta estación se llama Libertad. Como si fuese una metáfora bien creada por los administradores del metro, la Libertad no podía ver el sol, y ahí, Dedos, mirando por las ventanillas la imagen de esta: vacía, polvorienta y oscura.



Estación terminal: Quinta Normal. Dedos se bajó del tren y se dio cuenta de que en esta estación llega muy poca gente, así como también sube muy poca, al menos a esta hora. En un arrebato, quiso salir a la superficie, pero no quería pagar nuevamente el pasaje del metro. Se acercó a un guardia y le pidió permiso para cargar su tarjeta, que en Santiago de Chile sirve como dinero para movilizarse. El guardia accedió. Corriendo, subió las escaleras y se quedó mirando unos autos antiguos de juguetes. Recordó que tenía uno cuando pequeño, y que casualmente, era muy parecido al "Batimovil" de su abuelo. dejó los juguetes atrás y subió. Tomo aire, miró a una pareja y a unos niños. Solo fueron unos segundos. Cargó su tarjeta (aunque en verdad no lo necesitaba), y bajó. El guardia lo dejo pasar y tomó el primer tren camino a Plaza de Armas.






Al llegar a Plaza de Armas, una estampida de gente subió al metro. Todo se transformó en caos. Salió y el calor era insoportable. Caminó hacia el Museo de Arte Precolombino, dándose cuenta en las mismas puertas de este que era día Lunes y que por lo tanto estaba cerrado. Eran las 13:00 hrs, aún faltaba mucho para la reunión. Caminó hacia la plaza nuevamente. Se fijó que estaban los artistas de la plaza protestando contra el alcalde Alcaíno, un facho farandulero que los quiere sacar de ahí. Siguió su camino y entró en la Catedral. Todo se calmó. Santiago hizo silencio, y la estructura monumental de la Iglesia hizo que incluso el corazón de Dedos se parara por un segundo. Caminó timidamente entre los fieles, que oraban y miraban a sus santos. Dedos recorrió de lado a lado, e incluso quiso confesarse. Dedos no es creyente, pero quizás necesitaba experimentar la confesión. No lo hizo. Se sentó en una banca frente a una columna de concreto. Cerró los ojos, y fue como si durmiera entre nubes. Dedos se asustó y se paró al instante. caminó hacia la puerta principal y se dirigió a la pila de agua bendita. Mojó su frente y cabeza con ella. El calor que hacía afuera secó rápidamente el agua que lo había refrescado.


Pasó por entremedio de una multitud de inmigrantes peruanos, quienes alborotados pedían a gritos unos papeles entregados por un funcionario. Dedos abrió los ojos mas que nunca y estuvo atento. Cruzó la calle para comprar algo con los únicos $200 que le quedaban en su bolsillo. Un hombre lo seguía de hace rato, se fijó. No tuvo miedo, pues no tenía nada que perder, pero estuvo alerta...en el centro no se puede bacilar si la situación lo amerita. Entró a un local y pidió una lamina de arrollado con ají y una hallulla. Esto dio un total de $220. Dedos urgueteo en su mochila, pero no encontró mas que libros, cuadernos y lapices. El viejo que atendía el local le dijo con desgano: "ya llevatelo oh". Siendo hora de almuerzo para Dedos, se lo comió con ansias. Eran casi las 14:00



Llegó al edificio, que queda al lado de un café con piernas. Se subió a un ascensor antiguo, de esos con rejas y que solo caben 3 personas. 5to piso y a esperar. Se sentó en la escalera. Al cabo de 3 o 4 minutos el ascensor se detuvo. Una muchacha salió de el y le preguntó: "¿Tu también vienes a la reunión?". Dedos se paró, mientras la muchacha tocó el timbre. Al entrar se sentaron en el salón. Aún no llegaban los que serían sus jefes. El le pregunto: "¿Como te llamas?", ella le respondió: "me llamo Warai". Luego llego su jefe, que resultó ser un personaje más dentro de la fauna urbana. Luego de un buen rato, salieron en dirección Metro Alcantara. Los peruanos aún seguían alborotados junto al funcionario. El viaje fue ameno. Mientras "el jefe" hablaba de sus aventuras amorosas, Warai solo reía. Llegaron a un colegio, hicieron su pega y se fueron. Volvieron al centro, y este permanecía igual, aunque con más seres mutantes saliendo de las alcantarillas. Luego de un rato, Warai y Dedos se despidieron de "El Jefe" y volvieron a su Universidad, dónde, por lo demás, tenían muchas cosas que hacer. Al subir al metro, Dedos no sabía que en su tarjeta no le quedaba dinero para seguir viajando, por lo que no presto atención. Llegaron juntos a la Universidad, se despidieron con un "hasta mañana", y cada uno siguio su rumbo. Dedos fue a ver películas. Warai a conversar y copuchar. Eran las 18:30 de la tarde. Dedos, agotado, terminó de ver "Valparaiso Mi amor" de Aldo Francia a eso de las 21:00 hrs. Partió al metro, y se topó con la sopresa de que no tenía dinero. A estas alturas del día, con el estomago vacío, solo quería llegar a su casa que quedaba al otro extremo de la capital. Le suplico a la vendedora de tickets que lo dejara pasar: no había guardias a la vista, y la hora ya no daba para ser un patán. La vendedora lo dejó pasar luego de decirlo "NO" al menos 7 veces. Se subió al tren y se sentó en el suelo, como suele hacerlo siempre. A su lado, en un asiento individual, una señora de cabellos blancos y ojos verdes, leía. El, la imitó. Al pasar un rato, ella lo miró y le dijo con la voz mas tierna y suave que podrían imaginar: "Esto de leer viajando me marea...yo pensaba que solo me pasaba en la micro". Dedos quedó estupefacto. Nadie le habla a un desconocido en el metro, es casi una ley. Ella prosiguió: "Yo he viajado mucho...anduve en barco hacia Israel, me demoré un mes y medio...imaginate, partir en Valparaiso, pasar por el Canal de Panamá, desembarcar en Genova, pasar a venecia, y luego en Atenas, embarcarte de nuevo para llegar solo por barco a Israel". Dedos escuchaba y conversaba sobre sus cortos viajes al sur de Chile. Ella le preguntó que hacía. El le dijo, "estudió antropología". Ella abrió los ojos y le comentó: "yo vivo en Isla de Pascua, muchos antropologos llegan allá". éstación Bellavista de La Florida, y todo estaba oscuro. Ella le dio su nombre, y con extrema confianza le dio su mano. Dedos salió de la estación, y contempló La Florida, nocturna, brillante, calurosa...tal como la ha conocido desde siempre.






1 comentario:

Anónimo dijo...

Nunca terminaron esa estacion porque decidieron que la cantidad de publico que iba a tener la hacia poco rentable...incluso los vecinos se movilizaron un tiempo pero bueno...ahi esta.