jueves, 14 de febrero de 2008

La ciudad se hunde, y el cielo queda mas lejos aún



Recuerdo algun dia haber regalado palabras, espacios y miradas. Se quedaban en el viento, y senti como las risas salian tras las paredes. Soporté los vientos de invierno, y las flores congeladas no escuchaban mi canción de barrio. El sol del verano prendió mi mnte. Escuche su canto, y la ciudad pegajosa se hizo mi mejor amiga. Las calles empolvadas y las micros amarillas vacias fueron mis compañeras inseparables. Logré cantar mi canción hacia el norte. El viento fue el comunicador. Fui escuchado. Nuevamente la ciudad me vio caminar. Firme. Hasta que el Otoño dejó caer sus hojas de colores rojo, amarillo y café. Las rojas me tocaron e incendiaron mi alma. Aquel tipo que regalaba su canción a los vientos se hizo ira. Y con la ira la decadencia. Su canción ya no se la daba al viento, sino mas bien al pavimento humedo de la capital. Era tan fuerte su sonido, que la ciudad comenzó a hundirse. Y los arboles empezaron a verse mas grandes. Ya el sol de Primavera que avisaba su salida no se podía ver, y las flores, aquellas que fueron su canción, solo se marchitaban sin el sonido de su voz. La ciudad se hundía. Y el cielo cada vez estaba mas lejos.


Hoy espero en un bar. Entre botellas, sucios borrachos y putas de mala calaña a que la ciudad vuelva a alzarse, y me acerque nuevamente al cielo...a ese que un día estuvo tan cerca.

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