viernes, 2 de mayo de 2008

Mutación en Santiago (o el rebote que atravesó Ñuñoa)


Todo había comenzado en los barrios de Serrano con Eleuterio Ramirez. Ya temprano, Pez y "El Floyd" se habían reunido a conversar de negocios. 18:30 de la tarde y el sol cae en la ciudad.Las sombras se extienden, y las luces comienzan a prenderse, mientras "el Chino" y yo entramos a Las Pipas. Al fin nos reunimos los cuatro. Saludos con respeto, un apreton de manos y un abrazo. El Floyd y Pez estaban en el rincon mas oscuro del lugar (y no era casualidad). Las cuatro cabezas reian y rememoraban antiguas hazañas en ese enclave del alcohol y el humo del cigarro. 3 terremotos (mezcla de vino pipeño, helado de piña y aquel "ingrediente secreto") matizaban la conversación. "No hay nada mejor que conversar de nada", dijo uno. Las risas abundaron. Las miradas se hicieron complices en un momento. El Floyd recibió un llamado. "Si, voy para allá, dale". Todo parecía normal, era el tipico llamado que recibia un hombre de negocios. Pagamos la cuenta y enfilamos hacía el centro. La noche ya había caido en su plenitud. Dos borrachos peleaban al pasar junto a nosotros. Tomamos el metro via Estación Central. Ahi nos detuvimos un momento, quizas una hora. Luego de hacer lo que teniamos que hacer, cada uno se despidió con respeto del otro. A esas alturas, el limite era minimo para comenzar a mutar. Es como si la noche transformara las mentes y cuerpos que en el día parecen incorruptibles. Junto con Pez viajamos en el metro. Conversamos de amores y humores. Me bajé en Irarrazaval, justo en el limite de la comuna de Ñuñoa hacia el poniente con la comuna de Santiago. Vi unas luces y unas pequeñas gotas de Rocío. Pasaba el rato, y una cerveza tras otra anestesiaba aun mas mi mente. Afuera, las micros pasaban a toda velocidad y los borrachos eran carne facil para los flaites que, cuchillo en mano, agarraban todo lo de valor que podían encontrar. Me quise ir a mi casa. Estaba lejos, pero nunca tanto como para no poder hacerlo. Espere la mciro. Ya eran las 3:00 a.m. Caminé por Vicuña Mackenna hacia el centro. El frio comenzaba a calar mis huesos. Espere en un paradero, junto a una prostituta y su cabrón. Solo autos pasaban con el regueton a todo volumen y jovenes extasiados en su interior. Paso el rato, y mi soledad se hizo temor. Una manga de travestis llego al mismo paradero. Me pidieron fuego., pero no tenía. Fui motivo de sus burlas y jugueteos. Me aleje. Entonces terminó la buena onda. Comenzaron a pedirme dinero. Trate de mostrarme rudo, cosa que no las intimidó. Preferi caminar. Empezé a cruzar Ñuñoa, sin destino fijo. Ya me di cuenta de que no pasaban micros en Vicuña Mackenna hacia La Florida, así que decidí caminar hasta Macul con Irarrazaval, justo la intersección que cruza la comuna de Ñuñoa por la mitad. La caminata se hizo tranquila. Marín con Vicuña es una esquina de moteles, por lo que me tope con 8 parejas, todas a pie, con grandes sonrisas y amor derramandose de sus ojos. "Pocos autos andan por estas calles heladas", pensé. No era priemra vez que hacía este trayecto, pero siemrpe improvisaba mi ruta. esta vez no fue la excepción. No recuerdo las calles por las que caminé, solo sé que en un lapso de por lo menos 10 cuadras no vi un alma en la calle, ni siquiera un perro vago. En una esquina, una pareja ponía velas a una animita. No soy creyente pero me detuve a mirar la imagen. Finalmente logré llegar a la esquina que supuestamente podría llevarme a mi casa. Ni una micro pasó. Ya estaba todo dicho, esta noche mi casa no era mi destino, y la calle iba a ser mi albergue. Camine hacía Vespucio, es decir, el limite oriente de la comuna de Ñuñoa. Pase por Plaza de Ñuñoa esperando ilusamente encontrar a alguien conocido. Solo vi un grupo de punks fumando marihuana en una escalera, y los meseros levantando sillas y mesas, y contando plata de propinas. Al pasar caminando por Ramon Cruz, dos flaites me saludaron con respeto. Les devolvi el saludo. Finalmente llegue a Plaza Egaña. Vagabundos y perros vagos daban vueltas en este frio intenso. Pense en buscar la mejor banca, pero, de un segundo a otro, me di cuenta de que era mejor seguir caminando...

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