lunes, 19 de mayo de 2008

Sin City (La ciudad del pecado)

Era una de esas noches frias en el invierno capitalino, de esas en donde solo se ven ropas anchas y parkas estilosas. Dos tipos salen de un departamento cerca de Plaza Italia.
-"Tobi, enciende el motor, vamos, andando"-rugió "El Coronel".
El auto se dirigió hacia el norte de la capital, tomó rumbo Barrio Bellavista. Ahi, borrachos, hippies, flaites y demases personajes de la fauna urbana gozaban de las sombras y luces de la noche santiaguina.
-"Hey! para aqui, que necesito echar una meada"- dijo Gustav Linkener, apodado por todos como "El Coronel". Un minuto, y el motor volvió a partir.
Gustav Linkener es un tipo rudo, de esos de antaño. Un gran saco gris cubre tres cuartas partes de su robusto cuerpo, usa guantes de cuero de serpiente, zapatos color verde musgo y fuma cigarrillos la mayor parte del día. Tobi es su mano derecha, y como dirian en la terminología del hampa, forma parte de su primera linea. Es su soldado Nº1.
En el auto, un CD de Nina Simone sonaba. Tobi cambio a la radio y sintonizó la Radio Corazón, que en ese momento hablaba Rodriguiño presentando un regueton famoso. Gustav lo miró furibundamente. Tobi percibió el gesto de su jefe de reojo, y puso de nuevo el CD. Al Coronel le gustaba mucho esa musica negra de bares. Lo hacia recordar sus años gloriosos cuando vivió en New Orleans, Estados Unidos.
-Este es, el 3527-A. ¿Tienes bien puestas las bolas Tobi?- dijo Gustav
-No necesito responderle esa pregunta Don Gustav-respondió el grueso acompañante del Coronel mientras se ajustaba una Glock 17 de 9mm a su cinturón.
-¿Estamos?-preguntó el Coronel, a lo que Tobi asintio con la cabeza.
Se abrieron las puertas del auto y bajaron los dos. Gustav tomo la delantra. Su paso era arrogante, y sin ninguna señal de miedo. Tobi, como fiel guardaespalda, caminaba atento a lo que pasaba. Tocaron el timbre. "Ring!". Nadie se asomó. "Ring!", por segunda vez. Ni un solo ruido se escuchaba desde dentro de la casa ubicada en Recoleta. El Coronel miró a Tobi y le hizo un guiño. Tobi se adelantó, palpó la puerta y de una patada certera la derribó al instante. Tobi entró primero. Se dieron cuenta q habian ruidos en el segundo piso. Subieron con calma, seguros de lo que hacian. Entraron a la pieza y ahi estaban.
- Hola Señor Gutierrez, que gusto encontrarlo, yo pensaba que no se encontraba en casa.- dijo el Coronel con tono ironico
- Eh...Uhmmm..Este..Don Gustav, disculpeme, no había escuchado el timbre... - respondió el delgado hombre que yacía en la cama semidesnudo.
-No se preocupe señor Gutierrez, ya estoy aqui dentro-dijo sentandose en la cama el coronel- Usted sabe por que vengo a visitarlo a estas horas de la noche, cierto?.
- Uhmmm no, no, Don Gustav, en verdad nada me hace imaginar su visita- dijo nervioso y sudando profusamente Gutierrez.
El Coronel en un movimiento rapido lo agarró de sus bolas y apreto tan fuerte como pudo. Sus ojos, rojos de ira, lo miraban fijamente mientras dijo:
-Pues bien, entonces vamos a hacerlo entender sobre mi visita. ¡Tobi! registra esta mierda!-gritó el Coronel, mientras le sonrió malevolamente al señor Gutierrez.
El gordo recorrió la casa y abrió cada puerta que encontró. Finalmente se oyó un grito desgarrador
-Sueltame bestia!-gritaba una mujer
El rostro de Gutierrez terminó por ponerse blanco. Tobi entró a la pieza con una mujer joven y desnuda al hombro que gritaba y pataleaba. La tiró sobre la cama. Gustav, la miró con furia, pero contuvo sus deseos de ponerle un balazo en la entreceja.
-Asi pues, mi querido, ahora entiendes la razon de mi visita-dijo sonriendole a Gutierrez.
- Por favor Don Gustav, le juro que no....-intento balbucear Gutierrez
-Calla miserable!-grito Tobi
El Coronel se levantó de la cama, mientras la mujer lloraba profusamente y Gutierrez temblaba del panico. Los miró a los dos y les dijo:
-Dios nos hizo pecadores, Dios perdona nuestros pecados. Al contrario de Dios, yo no los perdono.
Bajó las escaleras, y encendiendo un cigarro subió a su auto. Dos balazos se escucharon en la zona norte de la capital. Tobi regresó al auto, y encendió el motor. El auto se perdió en la oscuridad nocturna de Santiago de Chile.

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